El
primer dato que emerge al hablar de internet y, en particular, de las
redes sociales, es el cambio radical que se ha efectuado en la vida y en
el modo de hacer, de pensar y de actuar de las personas. Basta mirar
alrededor para notar que en poquísimos decenios ha cambiado la sociedad
tan rápidamente que no nos hemos dado cuenta de ello. Hoy es normal que,
como en todas las casas, también en las parroquias y en las comunidades
religiosas haya un ordenador conectado a internet, para mandar y
recibir informaciones mediante e-mail o para mantener contactos en
Facebook, Messenger, MySpace, Twitter, todos ellos instrumentos que han
modificado notablemente la vida cotidiana y las relaciones. Esta
revolución ha sido posible gracias a la aparición del web 2.0, entendido
como medio que se caracteriza por la participación de los usuarios.
Cuando se habla de redes sociales se hace referencia al conjunto de
personas con las que se está en contacto mediante una relación social
que va de los lazos familiares a la simple amistad. En cambio, la
diferente tipología de relación distingue los diversos grupos sociales
presentes en la red. No hay nada imposible en este espacio virtual,
donde cada uno tiene la posibilidad de descubrir su dimensión personal y
de expresarse con una multiplicidad de códigos. Los social networks
nacen de una necesidad fundamental de la persona.
No solamente las relaciones sociales, sino también el diálogo sobre las
diferentes credos y entre los diferentes credos corre en internet.
Precisamente la aparición del web ha llevado a la Iglesia a replantearse
la misión que Cristo le ha confiado de anunciar el Evangelio hasta los
confines del mundo. En efecto, el web está ampliando constantemente las
formas en que las Iglesias y los institutos religiosos proponen el
mensaje evangélico, con ideas comunicativas cada vez más estimulantes:
blog religiosos, portales de news, espacios de reflexión personal o de
discusión sobre temas espirituales, por no hablar de las numerosas
presencias de religiosos y religiosas en social networks como Facebook.
Sin duda da gusto encontrarse también los monasterios de clausura en
Facebook, dando la posibilidad a quien lo desee, de entrar en contacto y
dialogar con un mundo considerado misterioso.
¿Qué nuevas oportunidades se presentan para la formación?
La identidad real de una persona tiene como característica principal la
de ser “polifacética”, porque está compuesta por numerosas dimensiones.
“la identidad legal. La propia personalidad, las amistades, el propio
credo y los propios valores. No siempre es posible apreciar todos estos
aspectos en una relación interpersonal real. Para comprender la
profundidad de una persona es necesario excavar, hablar, observar sus
comportamientos. Además, la persona adopta comportamientos diferentes en
contextos diversos. La identidad digital funciona así: quien decide
aceptar la amistad de una persona en un social network es consciente de
tener que revelar al otro todas las informaciones incluídas en su propio
perfil, y viceversa. Con un solo click puedo conocer, aunque sea
parcialmente, muchas de las características de mi interlocutor. Con la
posibilidad de notar muchos particulares que no se hubieran manifestado
en un encuentro cara a cara. Esta es una de las principales
características de las redes sociales.
Otro factor para el desarrollo de la personalidad es la posibilidad de
ensanchar los horizontes del conocimiento. Basta pensar en todo el
material informativo y didáctico que se encuentra en la red. Las
tradicionales instituciones encargadas de la producción de conocimientos
se han visto flanqueadas por estos nuevos medios que permiten navegar
entre muchísimas informaciones. Además, a diferencia de lo que sucedía
en el pasado, la red acorta las distancias, y hace que las personas
participen a acontecimientos interesantes y grandiosos que suceden en
lugares lejanos. La formación de los jóvenes religiosos puede servirse
de las siguientes formas que ofrece una red social:
- la comunicación, que hace intercambiar opiniones sobre los problemas cotidianos en la comunidad y en la pastoral;
- el compartir, que hace trabajar en proyectos comunes, en los que los
jóvenes religiosos, que viven en contextos lejanos pero que poseen una
visión común y unitaria sobre la evangelización y sobre la vida de
comunidad, pueden llevar a cabo algo;
- la cooperación, aspecto que es diferente de la colaboración, porque
implica la división de tareas que, una vez realizadas, formarán un gran
proyecto común;
Estas son las posibilidades que las redes sociales ofrecen y que hay que
hacer fructificar. Pensemos a los formadores en red, con la voluntad de
construir un camino de comunión, con la voluntad de compartir las
prácticas formativas, con el deseo de participar en la vida de la
Iglesia que junta los carismas.
¿Qué experiencias se están
llevando a cabo?
El social network se ha convertido ya en un mundo afirmado en nuestra
sociedad y sigue perfeccionándose. Pretender quedar fuera de él, como
jóvenes religiosos, significa renunciar a una gran oportunidad de
diálogo con el mundo juvenil. En los primeros momentos del desarrollo
del fenómeno, la Iglesia tuvo alguna dificultad para aceptar esta nueva
realidad, pero hoy las cosas han cambiado. Los consagrados y, de manera
particular, los jóvenes religiosos no pueden permanecer ajenos a este
fenómeno, es una posibilidad más para comunicar el Evangelio en un mundo
que cambia. Leyendo los signos de los tiempos sobre los que insiste la
Iglesia para una nueva evangelización.
Los social networks ofrecen numerosas experiencias: piénsese al mundo de
la didáctica y a las diversas iniciativas propuestas por los
Ministerios de educación de las diferentes naciones de la Unión Europea.
También en el campo religioso han nacido proyectos significativos,
llevados adelante a través de grupos en Facebook, páginas internet,
blogs personales y comunitarios, foros virtuales: hasta hace poco tiempo
se pedía a los religiosos que entraran en los bares frecuentados por
los jóvenes, para llegar a los alejados; hoy las mesas de los bares se
han trasladado a la red.
Otras experiencias positivas son los contactos en red entre parroquias e
institutos religiosos. Esto podría convertirse en la forma justa de
llevar a cabo una pastoral vocacional común y no de competencia. Por
ejemplo, la Conferencia Episcopal Italiana ha promovido una gran red
para favorecer la comunicación entre las diversas realidades de la
Iglesia italiana (www.chiesacattolica.it), donde se pueden encontrar
espacios informativos para las diócesis, las parroquias, los institutos
religiosos, las asociaciones y los movimientos católicos. ¿Cómo se ha
movido la Iglesia española? ¿Qué iniciativas han tomado las Iglesias
locales y los institutos o congregaciones? Hagamos una estadística de
todo lo que se hace, y pongámoslo en conocimiento de todos. Se tiene la
posibilidad de contactar a los jóvenes sin obstáculos de tiempo o de
espacio, para poder dialogar y mantenerse en contacto incluso a
distancia, pudiendo establecer nuevas formas de relación. También los
mundos virtuales atraen por la posibilidad de realizar cosas que, en la
realidad, no pueden vivirse. Ofrecen a los usuarios la posibilidad de
relaciones afectivas sólidas, de nuevas amistades, de colaboración, de
familiaridad que crea confianza y convicción de pertenencia respecto a
ese mundo virtual. Por eso se podría pensar en una Spiritual Second
Life, una manera de hacer comprender la verdadera esencia del
cristianismo a los jóvenes, que frecuentemente tienen, por desgracia,
una idea de religiosidad falseada, y, en consecuencia invitarles a
participar con gozo, aunque de manera digital, en la vida de la Iglesia.
¿Qué sugerencias hay que tener presentes?
Como en todas las realidades, también las redes sociales tienen sus pros
y sus contras. Entrar en este mundo implica un gran sentido de
responsabilidad. Internet nace como un red que ofrece grandes recursos y
oportunidades, pero puede transformarse en una tela de araña que
aprisione y esclavice. El fenómeno afecta sobre todo a los jóvenes, pero
de las estadísticas resulta que se está extendiendo también a los
adultos, con un número de inscritos cada vez mayor. No es infrecuente
encontrarse personas enfermas de Internet, esclavas de la chat, que
descuidan el cumplimiento de los propios deberes. La primera sugerencia
es un uso equilibrado del web. También para evitar una autoexclusión,
típica de estos ambientes, de manera que se está tan sumergido en ello
que se olvida uno de todo, hasta de comer y dormir.
La presencia de religiosos en la red podría evitar el peligro de una
“pseudoreligiosidad” cada vez más frecuente. La posibilidad que se le
ofrece a quien quiera de colgar material en la red, abre la puerta al
peligro de encontrar contenidos religiosos que no son típicamente
cristianos. Por ese motivo, y por otros muchos, hay que estar bien
formados, también desde el punto de vista teológico-espiritual, para no
engañar o despistar a los usuarios.fonte: www.vidareligiosa.es